El convento de la Orden de los Mínimos (O. M. – Ordine dei Minimi, 1435) construido en La Fresneda en 1613, fue pasto de las desamortizaciones del siglo XIX, y con los cambios de propietarios también cambiaron los usos, y sus piedras entraron en una espiral de decadencia y desdoro. Tras decenas de lustros, lo que antaño fueran capillas de adoración y presbiterios, se habían acabado transformando en establos y corrales y los claustros y jardines, en huertos y cultivos.
Un antepasado de la familia actual lo adquirió poco antes de la Segunda República, sobre 1930, para convertir la finca en el hogar de las siguientes generaciones. Y así sucedió durante el resto del siglo XX, pasando de abuelos a padres y de padres a hijos.
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