Formaticum es un término del latín vulgar que significa «moldeado» o «hecho en molde». Es la raíz histórica de la que derivan los nombres del queso en varios idiomas romances, como fromage (francés), formaggio (italiano) o formatge (catalán).

Formaje es un término, hoy en día en desuso, que en castellano antiguo equivalía a queso y que también hace referencia a la forma o molde que se utiliza para elaborar y prensar este producto. Su origen etimológico proviene del francés fromage y del latín formaticus (lo que da forma). En el castellano actual, este vocablo ha sido desplazado por queso, derivado a su vez del latín caseus.

La elaboración del queso seguramente fue descubierta por diversas comunidades al mismo tiempo. Las ovejas fueron domesticadas hace 12 000 años y en el antiguo Egipto se cuidaban vacas y se ordeñaban para tener la leche por lo que es lógico pensar que también harían quesos. Cuenta la leyenda que un pastor árabe, volvía a su morada con la leche de las ovejas dentro de una bolsa hecha con la tripa de uno de sus corderos y que tras caminar a pleno sol, al abrir la bolsa la leche estaba cuajada, sólida, hecha queso.